lunes, 23 de julio de 2012


Barichara es un lugar de ensueño. Un pueblo situado al nororiente, a seis horas en carro desde Bogotá; a dos de Bucaramanga, donde se encuentra el aeropuerto más cercano, y a veinte minutos de San Gil, la capital nacional de los deportes extremos. Está en el departamento de Santander sobre una meseta a mil trescientos metros sobre el nivel del mar, enmarcada por la Serranía de los Yariguíes y el risco que forma el cañón del Río Suárez, que luego desemboca en el Chicamocha, cuyo cañón se contempla desde un teleférico, y además, cerca de allí, hay un campo de golf estupendo.

En la región se cultiva fríjol, tomate y cítricos hasta Villanueva, un municipio ocupado por los liberales en la década de 1950 a raíz de la Violencia, cuando los conservadores los desterraron, y desde entonces la zona ha estado en paz, incluso durante las últimas décadas de guerra contra las guerrillas, los paramilitares y otros narcotraficantes que azotaron al resto del país.

Su casco urbano está rodeado por un cinturón verde. En el noroccidente se ubica el Bioparque Guane Móncora, propiedad de la Asociación Aquileo Parra, Amigos de Barichara. Y aquí vale la pena hacer tres aclaraciones: la primera es que el neologismo ‘bioparque’ no es una redundancia pues subraya la vocación ecoturística, una diferencia que se justifica hacer porque incluso a Disney World lo llaman parque; en segundo lugar, ‘Guane’ y ‘Móncora’ son sinónimos, se trata del nombre de la tribu que habitaba el área, una etnia perteneciente a la familia de los Caribes, pueblo beligerante y tejedor exterminado durante la conquista; y la tercera precisión que quería hacer es que el polifacético y muy liberalJosé Bonifacio Aquileo Elías Parra Gómez (1825-1900) fue militar, empresario y expresidente de Colombia.

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